RENATO ES LA CLAVE
José Manuel García-Otero
Renato Dirnei es un hombre de poco ruido, tampoco es carne de titulares para la Prensa. Renato es un hombre tranquilo, que ha hecho de su equilibrio personal su mejor arma. Es uno de los principales activos del club, una de sus joyas. Por eso a Ramón Rodríguez Verdejo, Monchi, no le tembló el pulso cuando firmó su tercera prórroga del contrato desde que, procedente del Santos, llegó en el verano de 2004, recién proclamado campeón de la Copa América con Brasil.
Renato es un hombre discreto, pero esto no quiere decir que sea mudo; su prudencia es un activo que suele aprovechar el club en los momentos de convulsión. Sin quererlo, desde su llegada se convirtió en el eje principal de los brasileños, su pilar más adecuado. Así, cuando alguno de ellos levantó la voz y mostró su vena más racial, la voz del “11” fue decisiva para apaciguar ánimos y su remo resultó clave para orillar los problemas y acercar posturas. Lo hizo con Julio Baptista, con Daniel Alves, Adriano Correia y, por supuesto, con Luis Fabiano. Todos se rifan la compañía de este futbolista serio de sonrisa perenne.
Los entrenadores de otros equipos ensalzan el potencial deportivo de este Sevilla y nunca se olvidan de Renato cuando enumeran el caudal de tesoros que acumula el plantel nervionense. Renato era el “cinco” del Santos y de Brasil, pero su enorme calidad daba para más, por lo que los técnicos del club no tardaron en explotarla. Caparrós comenzó las probaturas pero fue Juande Ramos el que puso al de Mercedes el traje de mediapunta, pues se percató de su rara y valiosa habilidad para ponerse en las puertas del gol y cobrar magníficas piezas. “Un tío que le pega tan bien con las dos piernas y tiene ese juego de cabeza, ha de encontrarse siempre muy cerquita del área”, aseguraba este manchego de sentimientos tan encontrados para el sevillista.
Y Renato, cuyos padres le inculcaron un férreo rigor disciplinario, viajó a terrenos de la mediapunta a sabiendas que ello le cerraba definitivamente las puertas de su adorada “canarinha”. El no podía competir por el puesto con Kaká, Robinho o Ronaldinho. Pero en el Sevilla se abrió el filón de goles de Renato, que ha hecho más de medio centenar de ellos con la blanca, algunos gloriosos; que le pregunten, si no, al “eterno rival”, al Real Madrid o al Atlético.
Fuera de su hábitat natural, los que cubrieron su espacio no terminaron de sellar las vías de agua. Con Poulsen y Keita se logró en parte, porque, encima, Paloptenía opciones de entregar el balón a Dani Alves o a Julien Escudé para el comienzo de jugada, pero las alternativas morían ahí. El Sevilla, con bandas mortíferas (Jesús Navas y los Diegos –Capel y Perotti--, las mejores bandas del mundo), se hacía previsible, sobre todo para los equipos pequeños, con sistemas de acumulación de juego exterior para amurallarse. Un problema que no zanjaron Duscher, Romaric, Zokora y Guarente.
Por eso Renato ha dado el paso adelante: retorno a sus orígenes. El ‘cinco’ del Santos y de Brasil. Él se lo pidió a Manzano (que nunca ocultó su admiración por el brasileño) y también se encargó de aleccionar al redimido Romaric. Puestos en marcha, el Sevilla literalmente fagocitó al Atlético en el mejor partido de lo que va de temporada y, lo que es mejor, solucionó un problema que ha dado mucho dolor de cabeza a los técnicos. Con un “cinco” de tamaña calidad, el equipo sabe manejar los hilos; ya no es previsible. Renato volvió a su puesto. La solución estaba en casa





